Alimentación, reproducción y razas de Agapornis
Un dieta equilibrada
Las semillas son el alimento por excelencia de los pájaros, constituyendo un menú perfecto las de avena, alpiste, girasol e, incluso, una mezcla de las mismas. Pero para completar la dieta de esta simpática ave, nada mejor que darle de vez en cuando alguna fruta, como manzana, o verduras como la zanahoria. Deberemos lavar bien este tipo de comida y dársela en trozos pequeños para que no se atragante. En cuanto al calcio, se descartan los alimentos lácteos, puesto que un exceso de los mismos puede generar desde la pérdida de las plumas hasta el fallecimiento del agaporni, por eso recurriremos al hueso de jibia y también a las papillas a base de huevo, que fortalecen notablemente a los agapornis en su crecimiento.
Una familia muy numerosa
El agaporni es un animal del que se cuentan más de 300 especies diferentes, pero la mayoría de las clasificaciones contemplan como las más conocidas las siguientes:
Agaporni Fischer (15 cm.), cuyo origen está en las cercanías del gran lago africano Victoria. Su alimentación, a parte de las recurrentes semillas, admite también algunas verduras y frutas. El ejemplar femenino es un poco más grande que el masculino. Su colores básicos son: abdomen amarillo, plumas verdes y cuello y frente anaranjado. Su longevidad alcanza los ocho años. En cuanto a la reproducción, no tiene problemas en la cautividad, llegando a nacer hasta cinco polluelos que son independientes tras un mes y medio aproximadamente. - Agaporni Roseicollis (de 15 a 17 cm.), es un ejemplar que gusta mucho de semillas como girasol avena, mijo y, por supuesto, alpiste. La tonalidad de su cuerpo es verde, pero también se aprecia un cuello rosa y plumas rojas. Un híbrido de esta especie presenta cuello rojo y cuerpo de color amarillo. La cría se lleva a cabo sin ningún tipo de problema con una incubación de unos 23 días.
- Agaporni Personata (14 cm.), al que también se le llama 'enmascarado' por su blanco anillo ocular. Puede llegar a vivir una década y su desarrollo no presenta incidencias si se siguen unas pautas de higiene marcadas. Su reproducción es igual que la del Roseicollis. Por último, señalar que los colores por los que se le reconoce son verde en el cuerpo, amarillo en el pecho y negro en la cabeza. También tiene una mutación que colorea su pecho de gris y su cuerpo de azul.
- Agaporni Cana (13 cm.), que hunde sus raíces en Madagascar. Es muy famoso por su cabeza grisácea y por el color verde de las hembras. Un dato curioso que destaca de su reproducción es que la época de cría es el invierno en occidente, para adecuarlo a su lugar originario en el hemisferio sur. Su dieta se compone también de frutas, verduras y abundantes semillas. Se convertirá en una agradable compañía durante un periodo de hasta ocho años.
- Agaporni Taranta o de Abisinia (17 cm.), quizá la especie más común dentro de los adorables pájaros del amor. Coincide en la línea de la monogamia y de la reproducción general del resto de sus 'parientes'. Su desarrollo será perfecto si consideramos en su alimentación diaria las semillas más comunes y también alguna fruta o verdura extra. Su cuerpo es verde y su frente presenta una tonalidad media entre el salmón y el rosa.
Reproducción
A pesar de que podemos aumentar la familia de nuestro agaporni a partir del primer trimestre de vida, los expertos recomiendan como fecha óptima para el comienzo de la reproducción el año de vida. Tendremos que preparar nidos artificiales y para ello nos ayudaremos de los materiales que nos proporcionan las tiendas de animales, dejando aconsejarnos por ellos.
La puesta de la hembra deriva automáticamente en la incubación de los huevos cuyo número puede llegar a alcanzar ocho, a los que la futura mamá dará calor hasta su eclosión tras una media de 25 días. El plumaje con el que nacen los pequeños agapornis se va perdiendo y el definitivo comienza a dejarse notar a partir de la cuatro primeras semanas de vida.
Si quieres disfrutar de las bellas tonalidades de un pájaro de reducidas dimensiones, nada mejor que elegir al agaporni como compañero. Sus alegres trinos te divertirán durante mucho tiempo siempre y cuando le proporciones todos los cuidados necesarios para que permanezca sano y en las mejores condiciones.
Hay que tener muy presente que se trata de aves exóticas procedentes de las zonas tropicales africanas y, por tanto, acostumbradas a otro tipo de hábitat muy diferente al de una vivienda. No obstante, suelen aceptar sin problemas la cotidianeidad. Además, es preferible que haya pasado un mes y medio desde su nacimiento para que así puedan comer por sí mismos. La jaula debe tener una anchura de 60 centímetros en adelante y tenemos que olvidarnos de la coexistencia con otras aves como canarios o periquitos puesto que no admiten la convivencia con especies diferentes. Es vital que la 'casa' del nuestro amigo alado se airee y no esté expuesta a malos olores.
En cuanto al 'mobiliario de la casa' de este simpático lorito, deberemos colocar varios elementos para que la mascota pase su cautividad de la mejor manera posible. Tenemos que armar la jaula con perchas donde los agapornis puedan apoyar sus patas, saltar de una a otra, asegurándonos de la higiene y buen estado para evitar parásitos e infecciones, por eso no dudaremos en usar cepillos y desinfectantes que nos faciliten la labor de la limpieza. Cuidaremos mucho de los bebederos, que contarán siempre con agua potable; comederos, donde el alimento nunca será escaso, y un pequeño rincón para que el pájaro pueda asearse a modo de bañera. 








Es difícil percibir el estado de pseudogestación de nuestra mascota, ya que no hay ningún signo inequívoco que lo indique. Sin embargo, podemos advertir algunas pistas: inflamación de las mamas, aumento del apetito, nerviosismo y abultamiento del abdomen. En los casos más evidentes, las hembras que tienen falsa preñez llegan a producir leche, adoptan objetos (y si se da el caso, animales), como si fueran sus cachorros, e incluso pueden padecer partos en los que sólo expulsan placentas con agua.
Cuando ocurre aisladamente, no debemos preocuparnos en exceso. Si bien es cierto que un proceso ligeramente traumático para el animal, es un fenómeno evolutivo que no tiene consecuencias negativas para la vida normal de nuestra mascota. La mayoría de las hembras vuelven a la normalidad en dos semanas, sin necesidad de tratamientos veterinarios.
A los cinco meses, la hembra de Maine Coon suele tener ya el primer celo, aunque la madurez sexual no llega hasta el séptimo mes de vida y su capacidad para procrear llega a raíz del año y medio. Respecto a los machos, los Maine Coon deben cruzarse a partir de que éstos cumplan un año.
colonizadores de América del Norte llevaron en el siglo XV. Los primeros documentos que hablan de esta raza son de mediados del siglo XIX, aunque no fue hasta el XX cuando comenzó su cría de manera sistemática.
Si por algo se caracterizan estos gatos es por su gran tamaño. Aunque el estándar es de 6 a 8 kilos, existen machos que superan los 10 kg. de peso. Las hembras no suelen sobrepasar los 5 kg. Su imponentes dimensiones se acompañan de un cuerpo largo y musculoso, y extremidades robustas y fuertes.
Dificultad para subir escaleras.
Nadie sabe mejor que tu veterinario cómo cuidar del perro en sus años de madurez. Aunque es importante que le vigiles, el especialista podrá diagnosticar sus dolencias y, si es necesario, prescribir el tratamiento óptimo. Como norma general, lleva a tu mascota canina al veterinario cada 6 meses para los siguientes controles de salud: 
Es divertido adquirir una ranita verde como mascota porque de esta forma nos desligamos un poco de la mascota común como el perro o el gato. Además este anfibio tiene la ventaja añadida de que no necesita paseos, ni demasiado espacio, una alimentación costosa.
Apostaremos por un terrario más alto que largo para que la ranita pueda escalar a sus anchas, evitando así que pueda estresarse por el tamaño del habitáculo. Por otro lado, el terrario debe constar de una parte acuática que ocupe la mayoría de la superficie del suelo, ya que se trata de un medio necesario e indispensable para su buen desarrollo.
A menudo vemos en estos pequeños animales una raya blanca o amarillenta en cualquier lado del torso que cambia de tamaño y anchura según el individuo. La distinción entre macho y hembra salta a la vista, ya que ésta última es siempre la de mayor envergadura.
Su origen se sitúa en el sureste de Estados Unidos donde es uno de los anfibios más comunes y abundantes.