Desparasitación de tu tortuga (IV)
Parásitos externos
En el caso de parásitos externos como los ectoparásitos, habrá que prestar atención a la presencia de garrapatas. Éstas se localizan en las zonas de piel más fina, sobre los miembros, cuello, cabeza y alrededores de la cloaca. También se pueden fijar sobre el caparazón.
Para erradicarlas se utilizan baños con insecticidas fosforatos. Tienes que tener cuidado y vigilar a tu tortuga, ya que la ingestión accidental puede provocar una intoxicación. Es muy importante que lo realice un profesional veterinario y por ningún motivo el dueño de la mascota. La frecuencia dependerá del tipo de parásito y el grado de lesión que cause. Si no existe la posibilidad de reinfestación por contacto con animales, se debe desparasitar al menos una vez al año y, en caso de contacto con otros animales, cada cuatro meses.
Desparasitación de tu tortuga (III)
Cuidado con el contagio
Si posees dos o más tortugas, es necesario que lleves un control exhaustivo de su salud, puesto que si tienes un galápago enfermo, éste puede contaminar al compañero: el contagio se produce a través de unos quistes infectados eliminados al defecar. Es por ello por lo que es necesaria una observación total, ya que el reptil sano posiblemente ingerirá la materia fecal contaminada y, una vez ingerida, el quiste lleguará a su intestino donde desarrollará el trofozoito, que se multiplicará invadiendo la mucosa intestinal y sus glándulas. Algunos de ellos se transforman en quistes y se eliminan por las heces, reiniciando de nuevo el ciclo infectivo.
La lesión que provoca es una intensa gastritis y una colitis ulcerativa, siendo el órgano más afectado el intestino delgado y parte del intestino grueso. El hígado y riñón se pueden encontrar inflamados. La sintomatología incluye anorexia, deshidratación, diarreas con sangre y olor penetrante. También es común la acumulación de gases en el intestino. La infección tiene una mortalidad cercana al 100%.
¿Cómo y cuándo desparasitar?
Como cualquier animal que entre a vivir en tu casa, la tortuga tiene que pasar por un control sanitario que le realizará el veterinario para eliminar posibles parásitos que puedan desencadenar males futuros. Cualquier anomalía que detectes en tu animal de compañía se comentará al especialista para que determine adecuadamente el tipo de padecimiento que afecta a nuestra mascota y el tratamiento que debe recibir.
Obviamente, no existe el antiparásito ideal que actúe sobre todos los parásitos, tanto internos como externos. La combinación de un antiparásito contra protozoarios más un antiparásito contra cestodes o una droga con acción sobre nematodos es la combinación más eficaz para acabar con estos indeseables inquilinos que perjudican a tu tortuga.
Desparasitación de tu tortuga (II)
Un rápido diagnóstico
La enfermedad parasitaria puede alterar la salud del animal por sí misma. Por ejemplo, un alto contenido de parásitos intestinales puede desencadenar otras enfermedades. Si estos habitan en la cavidad bucal, habrá una posible predisposición de estomatitis ulcerativa. La acción del parásito, por ejemplo, puede provocar taponamiento del tubo digestivo o de un vaso sanguíneo, entre muchas otras patologías.
El diagnóstico de estas dolencias se puede realizar con los métodos usualmente utilizados en mamíferos o aves. Las técnicas de observación microscópica de muestras de materia fecal son las que más se utilizan en reptiles. Es importante distinguir el aspecto de la materia fecal (marrón o grisáceo), y de los uratos (blancos), que suelen acompañar a la misma.
También se emplea el examen de frotis sanguíneo coloreado u otras técnicas para diagnosticar parásitos hemáticos por técnicas inmunológicas o histoquímicas. En ocasiones, el hallazgo aparece en una necropsia o examen del animal fallecido, o como un descubrimiento fortuito en los casos de recogida de muestras y procesamiento de sangre en una visita ordinaria al especialista.
En las tortugas terrestres se encuentran varios parásitos, algunos de los cuales deben ser precozmente diagnosticados, ya que pueden causar la muerte del animal. Dentro de los protozoarios, un ejemplo es Entamoeba invadens, que es el agente causante de un cuadro caracterizado por una intensa inflamación del intestino delgado de los reptiles, afectando especialmente a los saurios, ofidios y quelonios.
Desparasitación de tu tortuga

Si estás pensando en tener como animal de compañía una tortuga, debes saber que hay responsabilidades a las que tendrás hacer frente. Además de darle una buena alimentación, has de visitar frecuentemente al veterinario, ya que es necesario que nuestra mascota se encuentre en perfecto estado de salud.
Los parásitos internos que afectan a los reptiles comprenden protozoarios, cestodes, trematodes, acantocéfalos, nematodes, pentastómidos, mientras que entre los parásitos externos encontraríamos los ácaros, garrapatas y algunos casos de infestación por larvas de dípteros. Poseen ciclos biológicos muy complejos, y en algunos casos el ser humano interviene en la cadena del parásito y lo convertirá en un hospedador accidental.
En cuanto a su ubicación, los parásitos invaden todo tipo de órganos y sistemas. Por tanto, se les puede hallar en la cavidad bucal, esófago, estómago, intestinos, hígado y conductos biliares, riñón y uréteres, sangre o dentro de células, pulmones y piel... Es decir, en numerosos sitios, cada uno de ellos con diferentes condiciones en cuanto al pH y condiciones de oxigenación. A pesar de todo ello, estos inquilinos se han adaptado a cualquier ambiente y allí se reproducen y causan efectos nocivos a tu tortuga. Una buena revisión evitará alteraciones en tu mascota.
El comportamiento de las iguanas (III)
Tratar la hostilidad
Cuando parece que no queda más remedio, se suele recurrir a la castración, aunque no está comprobado científicamente que esta operación sea efectiva a la hora de limitar la agresividad. La mejor etapa para llevarla a cabo es la de la madurez del animal. A veces, la escasez de hormonas fruto de la castración impide que la iguana se desarrolle normalmente.
Una forma de corregir el mal genio de este reptil es no tratarle de modo hostil. Por lo tanto, hay que mirarlo de frente o cogerlo por la tripa para que se acomode en la mano y el brazo como si pendiera de la rama de un árbol. No hay que agarrar a las iguanas por el cuello como lo harían los depredadores. Además, estos animales cuentan con una especie de ‘tercer ojo’ encima de la cabeza que les permite ver a los rapaces cuando se acercan desde arriba. Si el dueño de la iguana se aproxima desde arriba, se convertirá en su enemigo.
El comportamiento de las iguanas (II)
Temperatura y humedad
Con respecto a la temperatura del hogar de este animal, a lo largo del día deberá oscilar entre los 28ºC y 32ºC y, durante la noche entre los 19ºC y 25ºC. Para conseguir estas elevadas temperaturas en la época invernal, existen numerosos modelos de calefacciones. Es recomendable evitar el uso de las piedras calefactoras, ya que pueden llegar a los 40ºC, lo que repercutirá negativamente en la salud del reptil. Antes de introducir de forma definitiva a la iguana en el terrario, hay que probar el equipo calefactor. Esto se debe a que pueden desarrollarse fallos eléctricos. Para apagar y encender la calefacción se puede hacer uso de un temporizador.
Por otra parte, debe estar situado en un lugar alejado del paso y muy iluminado. Si la iluminación del sol no es la adecuada, hay que recurrir a la artificial. Esto se debe a que la iguana puede pensar que se acerca el invierno e iniciar su hibernación. La humedad tiene que ser del 60% ó 70%, lo que se logra fácilmente pulverizado agua directamente en el terrario. Por último, para conseguir una correcta aireación, hay que sustituir el cristal superior por una malla.
Cómo manipular una iguana
Es posible entrenar a una iguana. Sin embargo, al poder ser peligroso, hay que tener en cuenta una serie de recomendaciones. Por ejemplo, cuando haya que levantar al animal, hay que sujetarlo por el abdomen y las patas. Nunca se debe sostener por la cola, puesto que tiene la capacidad de desprenderse de ella. Aunque su cola volvería a crecer (no tanto como antes), podría infectarse.
No es muy común que una iguana intente morder a alguien: si lo hace es porque se siente amenazada. En estos casos es aconsejable ponerles un trapo de color negro sobre la cabeza para tranquilizarlas. Lo mismo sucede con los arañazos. Sus garras se pueden cortar para impedir que se produzcan accidentalmente.
Normalmente, las iguanas no suelen ser agresivas después de un proceso de domesticación. No obstante, en algunas circunstancias especiales es posible que dejen ver su furia, sobre todo los machos. Uno de los métodos para combatirlo es proporcionale un muñeco de plástico durante la época de celo.
El comportamiento de las iguanas
Las iguanas son unos animales que tienden a defenderse cuando se sienten atacados. Hay que tener en cuenta que son reptiles cuyo ámbito natural es la selva y sus reacciones están provocadas por su fuerte instinto de autoprotección. Cuando sea necesario manipular una iguana, es preciso tener en cuenta los consejos que se citan a continuación.
Cuando se adquiere un animal de estas características, hay que tener pensado de antemano que requiere un lugar amplio para vivir. Esto es así porque una iguana adulta puede llegar a medir 1,5 metros de largo. Es imprescindible equipar este espacio con una serie de artículos del todo necesarios para que esta mascota tan especial disfrute de las mejores condiciones de vida.
Condiciones de habitabilidad
El terrario debe tener las siguientes medidas: en el caso de que vaya a ser ocupado por una iguana joven (aquellas con menos de 18 meses), deberá medir 80 cm. de largo por 70 cm. de ancho por 100 cm. de alto. Si es una iguana adulta la que lo va a habitar, es decir, una con más de tres años, el habitáculo medirá 3 m. de largo por 1,5 m. de ancho por 2 m. de alto.
Además, ha de disponer de una placa calefactora, un tubo fluorescente emisor de rayos UVB, un recipiente para la comida y otro para el agua, siendo este último lo suficientemente grande como para permitir que la iguana se bañe en él. Los tubos fluorescentes sirven para que el lagarto sintetice correctamente la vitamina D3. También es bueno colocar en el terrario ramas secas para que la iguana pueda trepar por ellas.02.jpg
El idioma de los perros (II)
Ojos, orejas, cola, boca...
Los ojos muy abiertos nos trasmiten temor, la mirada fija puede significar desafío; una postura característica en los perros dominantes. Si a nuestro can le cuelga la lengua es que está relajado, las orejas hacia atrás denotan temor o una sospecha. Si en cambio permanecen erectas, es que está alerta ante lo que le rodea. Por cierto, si os muestra los dientes no necesariamente estará demostrando agresividad.
La cola en movimiento se traduce por una alegría difícil de disimular. Aunque hay que tomar en cuenta que en ocasiones puede querer trasmitir un deseo de relacionarse, que no siempre refleja buenas intenciones (sobre todo si hace en un movimiento lento). Una cola erecta significa dominio; si está baja, relajación, que no es lo mismo que entre las piernas o curvada, donde está demostrando temor o sumisión.
En ocasiones hemos contribuido a limitar estas facultades expresivas, por ejemplo con los cortes estéticos de orejas o de cola, disimulando parte de sus recursos comunicativos y dificultando también la comunicación con sus propios congéneres. La cría selectiva realizada en el correr de los siglos ha hecho en algunas razas que un pelo excesivamente largo o unas orejas colgantes hayan modificado asimismo sus posibilidades de comunicación.
Posturas que hablan por sí mismas
Un perro agachado con las patas delanteras extendidas y la espalda curvada está invitando a jugar: cuando está en una postura sumisa es frecuente que se gire para mostrarnos sus partes vulnerables. Si el cuerpo está tenso, muestra los dientes con las orejas hacia atrás y mantiene la cola rígida es que tiene miedo, si la cola está erecta, las orejas hacia arriba y los dientes al descubierto mostrando incluso los incisivos, está preparado para atacar. Un perro relajado y feliz lleva su cola sin tensión junto al cuerpo, con sus mandíbulas descontraídas, moviéndose libremente con la cabeza en alto.
Nuestros perros son animales domesticados, pero continúan comunicándose como sus antepasados los lobos. Las señales olfativas les permiten identificar a los individuos. Los perros tienen glándulas que secretan determinadas sustancias olorosas que les permiten diferenciarse del resto.
La orina es otro mecanismo con el que cuenta esta especie para marcar un territorio y poner su sello de identidad. Las hembras también utilizan este instrumento para anunciar a la comunidad su deseo de aparearse. Las señales auditivas constituyen otro importantísimo recurso comunicativo. Los ladridos de diferente tonalidad permiten comunicar un saludo, una advertencia, un deseo de jugar, una petición de auxilio.
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El idioma de los perros
Desconocer los códigos de comunicación de nuestro animal de compañía puede interferir en la calidad de nuestra relación. Sabiendo interpretar mínimamente su lenguaje y sus manifestaciones emocionales lograremos establecer un vínculo más fuerte.
Existen señales visuales, acústicas y olfativas que son utilizadas para relacionarse con sus congéneres, y son las mismas que utilizará en su esfuerzo por comunicarse con nosotros. Es importante que aprendamos a interpretarlas. Comprendida la idiosincrasia canina, educar a nuestro perro será una tarea mucho más sencilla, adaptada a lo que le trasmite su impronta genética y donde la socialización temprana jugará un papel importantísimo para lograr que pueda vivir en armonía con su entorno.
Un abanico de gestos
El lenguaje corporal es sumamente importante en los perros. Los humanos hemos perdido parte de esta habilidad por el desarrollo que hemos alcanzado con el lenguaje oral. El habla ha sustituido en las personas otras valiosas e interesantes formas de expresión que son fundamentales en la especie canina.
Al igual que nosotros, los perros tienen músculos faciales capaces de dar diferentes expresiones a la cara. Los labios pueden enrollarse hacia adentro, las orejas son extremadamente móviles, incluso algunos perros pueden levantar la cejas cuando están muy sorprendidos por lo que acontece a su alrededor.
La mirada, la posición de los ojos, los movimientos de la cola, los distintos gestos se combinan en el perro en diferentes secuencias estableciendo un complejo mosaico, que deberíamos tratar de descodificar.
Abisinio, mirada llena de curiosidad (II)
Esbelto y de talla media
Algunas de los aspectos físicos que vienen a definir a este felino juguetón son su figura estilizada. El cuerpo del abisinio es ágil y musculoso debido a la intensa actividad que le caracteriza. Su tamaño es proporcionado puesto que cabeza y cuerpo respetan la talla media. La fina cabeza del abisinio posee un mentón firme y, en general, los rasgos son suaves. Sus orejas, grandes y separadas, no son excesivamente puntiagudas sino que se redondean.
La mirada de este fibroso felino es profunda, expresiva y desprende grandes dosis vivacidad. Los ojos tienen forma de almendra y pueden existir ejemplares con los ojos de color verde, amarillo o castaño. Sus extremidades son largas y delgadas mientras que su cola, de intenso pelaje, se va afinando según nos acercamos a la punta.
El manto se caracteriza por los 'tricking' o bandas de color: punteado de tono claro que salpica cada pelo en dos o tres partes y que aporta contraste al color dominante. Las tonalidades de su pelaje más comunes comprenden la gama de los cobrizos y diferentes escalas de castaño. También existen colores no reconocidos en el estándar como el rojo, el azul o el lila.
Le encanta jugar
Si estás pensado en adquirir un gato porque piensas que es una mascota que te exigirá menos tiempo que un perro, puede que tengas razón; pero en el caso de los abisinios, sucede todo lo contrario. El gato abisinio odia la soledad y sufrirá una tristeza horrible si no pasas mucho tiempo en casa. Posee una sensibilidad sólo equiparable a su tremenda alegría. Le encanta recibir cariño, pero no duda en pedir que le correspondas haciéndole caricias y sujetándole en tu regazo.
Sus ganas de curiosear son innatas. Cuando no estés acariciándole, seguro que estará investigando por los rincones de la casa, siempre despierto ante el movimiento. Ten cuidado porque es dado a saltar y trepar por los muebles; es muy activo. El juego es una actividad que adora. Cuida de mantenerle ocupado con divertidos accesorios para gatos que le ayuden a desarrollar su ingenio: el abisinio es un gato muy inteligente que ama los retos, incluso nadar.
Podemos aprovechar su gran capacidad de aprendizaje para enseñarle a hacer cosas; además, el gato lo tomará como un juego entretenido. Por otro lado y al margen de la independencia que caracteriza a cualquier gato, mantiene un fuerte lazo emocional con aquellos que le rodean, en especial con la persona que pase más tiempo con él, a la cual acompañará en sus estados de ánimo. Ante los extraños, tanto adultos como niños, se portará reservado y mantendrá las distancias.
Debido a su intensa actividad en busca de nuevas aventuras, su alimentación debe aportarle toda la energía necesaria. Al tener el pelo corto y tupido, bastará con que le cepilles un día a la semana para que el bello manto jaspeado que tiene, luzca brillante y suave.
