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Perros y gatos

El comportamiento de las iguanas (III)

Tratar la hostilidad
Cuando parece que no queda más remedio, se suele recurrir a la castración, aunque no está comprobado científicamente que esta operación sea efectiva a la hora de limitar la agresividad. La mejor etapa para llevarla a cabo es la de la madurez del animal. A veces, la escasez de hormonas fruto de la castración impide que la iguana se desarrolle normalmente.

Una forma de corregir el mal genio de este reptil es no tratarle de modo hostil. Por lo tanto, hay que mirarlo de frente o cogerlo por la tripa para que se acomode en la mano y el brazo como si pendiera de la rama de un árbol. No hay que agarrar a las iguanas por el cuello como lo harían los depredadores. Además, estos animales cuentan con una especie de ‘tercer ojo’ encima de la cabeza que les permite ver a los rapaces cuando se acercan desde arriba. Si el dueño de la iguana se aproxima desde arriba, se convertirá en su enemigo.

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